@arebolledo1

Cabe indicar que los grupos de delincuencia organizada actúan con el objetivo de maximizar sus beneficios y minimizar el riesgo de que la policía frustre las actividades de sus miembros y sus colaboradores o les confisque sus bienes. Para alcanzar sus fines, se mueven entre varias jurisdicciones, recurren a amenazas y al uso de la fuerza, sobornan a funcionarios de las instancias administrativas y policiales, y aprovechan las dificultades que existen para el intercambio de información y la cooperación entre los países, así como la falta de armonización entre sus respectivas legislaciones. En otras palabras, diseñan un Estado paralelo.

Estas organizaciones delictivas saben perfectamente que los gobiernos frágiles constituyen un caldo de cultivo óptimo para su actividad. En este contexto, las fuerzas del orden a menudo se encuentran en desventaja frente a los grupos de delincuencia organizada en cuanto a recursos financieros, armamento, posibilidad de recurrir a la corrupción y libertad de actuación sin obstáculos burocráticos, en la mayoría de los casos.

Mientras existan instituciones débiles, la doble moral política, y la irresponsabilidad del sector público y privado, y, cuando en vez de prevenir esta problemática, la inacción se hace cómplice pasiva de estas acciones, se estarán alimentando los tentáculos del crimen organizado. De allí, que en muchos países existan importantes estructuras económicas que por igual explotan negocios legítimos y de delincuencia organizada, haciendo del soborno y la corrupción una práctica corporativa, logrando vulnerar al sistema político y al poder judicial, minando progresivamente al sistema de justicia con jueces y fiscales complacientes.

Cuando el estado es burocrático, lento y pesado, el crimen organizado es moderno, tecnológico e innovador. Por eso, vemos que en el enjuiciamiento de altos personeros responsables de delitos financieros no hay castigo, más bien mantienen sus fortunas intactas, por la corrupción existente, y donde lo primordial parece ser el beneficiarse de las actividades ilícitas del lavado de dinero, el tráfico de armas de destrucción masiva, la trata de personas, el secuestro, los sicariatos, el contrabando, la corrupción tanto pública como privada, la evasión fiscal, entre otros. Aunque el narcotráfico siga siendo el principal factor de esta problemática, no debemos dejar de fijar la atención en esas otras fuentes que penetran el sistema financiero global.

Además, la relación cada vez mayor entre la delincuencia organizada y el estado paralelo, empeora aún más esta situación. En cierto modo, las organizaciones delictivas ofrecen servicios paralelos ilícitos, que permiten a los corruptos y delincuentes obtener enormes sumas de dinero que en muchas ocasiones sacan del país, para disfrutarlo en el extranjero con grandes lujos y excentricidades, sin importarles las desagradables consecuencias que generan en las economías de los países afectados.

Cabe destacar que la soberanía existe para garantizar la libertad de un país de actuar según su voluntad sin poner en peligro su existencia, ni la vida o los intereses de sus ciudadanos. Un país no puede lograr dicho objetivo por sí solo. Es fundamental para las personas el tratar de resolver los diversos problemas de la soberanía en relación con la lucha contra la delincuencia organizada. Los servicios policiales de cada uno de los países se enfrentan diariamente a situaciones donde está en juego la vida, así como el respeto de las libertades individuales y la eficacia de la acción de la justicia.

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